No puedo quedarme. Ahí fuera hay tantos labios en los que olvidar besos, tantos cuerpos en los que perder las manos, tantas ciudades en las que nunca nada ni nadie ha sido mínimamente mío… Están componiendo canciones que aún no tienen nombre. Cómo no voy a irme, con la de vida que me queda por matar.
Marzo 2013
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Te sientas a mi lado, estamos solos,
cada vez más.
Me preguntas, te contesto,
no me escucho.
Cada vez más cerca
de alejarnos,
pides las respuestas que ya sabes
que no quieres.
La televisión en un rincón, llena de polvo
nuestras cabezas.
Dónde estará el botón que baja el volumen
de la vida.
Ya no encuentro los restos de tu sonrisa en mi cama; de aquellas noches en las que nos fumábamos y nos quemábamos entre mis sábanas. Cada vez que quedamos bebemos y hablamos de un pasado ya repasado, llenando un cenicero sucio de todo lo que ya no se puede quemar más. Como nosotros.
Enero 2013
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Estoy tumbado en el césped. Es una de esas noches en las que parece que el cielo también mira, de tanto que brilla. Pienso en los astrónomos que encontraron tanto y tan lejos hace tanto y con tan poco. También me acuerdo de mi padre, y de cómo me señalaba las diferentes constelaciones cuando yo aún era un niño. Le gustaba tanto que no recuerdo ninguna.
Ay, mi padre. Me lo imagino mirando al mismo cielo que yo, en mi lugar. Seguro que pensaría en Dios. ¿Y qué haría mi hermano? Él, tan imaginativo, seguro que fantasearía con diferentes formas de vida extraterrestre. Mi madre quizá buscase la constelación de su signo zodiacal. Y también a su padre.
Parece que las estrellas reflejan en cada uno aquello que quiere encontrar. Estoy conforme con la parte que me toca.
Miro mi móvil, se me ha hecho tarde, me voy. Y no sé si será cosa de esa estrella fugaz, pero de repente qué ganas tengo de llamarte.
Noviembre 2012
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El día en que dos tontos no se dieron por vencidos ni a la tercera.
Los cuatro acordes de la canción sobre la que bailan las cinco letras de tu nombre.
Las seis vidas que parecen haber vivido tus ojos, cuando tu sonrisa muestra siete dientes y marca ocho en mi cuello.
Los nueve dígitos a los que asocio tu voz, los mil rincones de esta ciudad y todas las mujeres en las que no puedo encontrarte.
Después vendría el número de veces que he intentado olvidarte, pero como siempre, me he perdido.
¿Quién es capaz de pensar en el futuro sin ilusionarse? Todos nos hacemos ilusiones con un futuro que cuando llega, no es como dibujábamos con la mirada perdida en el aire.
Yo me superé, creyendo que podría ilusionarme sin hacerme daño: tonto. También intenté pensar en el futuro sin ilusionarme: más tonto aún.
Las ilusiones van de la mano del daño, y créeme, no importa dónde pongas el pie cuando el mundo se está desmoronando en todas las direcciones. Salta con los ojos cerrados. Que sucedan cosas, que no pase nada. La vida es hoy, es esta copa y esos ojos. La vida es esta noche. La vida es ahora.
Disfruta del tiempo, que seguro pasará haciendo daño, como buena ilusión que es.
Ella sigue siendo como era el día que la conocí.
Hace florecer lo que aparentaba estar muerto, como la primavera que nos lleva. Fría y caliente, llega cuando está a punto de irse. Y siempre lo hace. También ha vuelto siempre, hasta el momento, y aunque nunca es la misma, nunca es otra. Siempre es distinta, pero si fuese otra, no sería ella. Ella es la diferencia entre ‘otra’ y ‘distinta’.
Ella sigue siendo como era el día que la conocí: un veintitantos, primavera.
Desde la perspectiva que los años me han dado, hijo, querría dejarte un último consejo, que seguro será el más valioso de todos: No importa cómo te comportes, no importa lo que hagas ni con quién o para quién lo hagas. Nunca pretendas ser comprendido.
He pasado toda una vida intentando que alguien me entienda de verdad, nunca he buscado la aprobación social tan ansiada por otros, yo sólo necesitaba que alguien comprendiese mi vida tal y como yo la veía. Alguien, aunque sólo fuese una persona. Alguien que nunca llegó. Alguien, aunque fuese yo.
Octubre 2012
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No sé qué pone en esa maldita carta.
Ese día amanecí en tu barrio, pero no era tu cama. Me pasé por los bares por los que ya nunca estás, y también me pasé bebiendo. Después sólo tengo el recuerdo borroso de un arrebato de valentía etílica que dio como resultado lo que quiera que sea que tienes en tus manos.
No me preguntes por qué te escribí lo que lees, porque ni sé si es cierto ni lo quiero saber. Lo único que recuerdo de esa carta, es que la metí en un buzón en el que las cerillas se apagaban.
Septiembre 2012
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Otra vez bebiéndome la noche para huir del día.
Otra vez huyendo del día con la luna que prometí bajarte.
Otra vez prometiéndote la luna a cambio de ver tu cara oculta.
Otra vez viendo en tu cara las ganas de ser mi cruz.
Otra vez siendo una cruz que solo resta.
Otra vez restando el miedo trago a trago.
Otra vez tragándonos sentimientos por no enseñarlos.
Otra vez enseñándonos las cartas para hacernos trampa.
Otra vez haciéndonos trampas en las que caer.
Otra vez cayendo donde no querremos levantarnos.
Otra vez levantando tormentas que prometían la calma.
Otra vez prometiéndonos lo que no cumplimos.
Otra vez cumpliendo años y no sueños.
Otra vez soñando que no te leo en esto que escribo.
Otra vez escribiéndote lo que no debo, cada vez que bebo.
En principio, esto es un final.
Siento ser tan cobarde, no sé hacerlo mejor y supongo que tampoco sé hacerlo peor. Simplemente, no sé hacerlo.
Espero que liberes parte del odio que me merezco cuando rompas esta carta, tus regalos y nuestras fotos. También yo lo haré. Acabemos con todo, como quien quiere empezar algo que merezca la pena.
Al final, esto es un principio.
1 Que es muy sensible a estímulos afectivos o emocionales.
2 Reacción del organismo que se produce como rechazo a algo a lo que es hipersensible, o que le afecta negativamente de modo anormal. Puede causar trastornos, incomodidad, e incluso la muerte súbita.
Tengo hipersensibilidad (2) a la hipersensibilidad (1).
- Perdona, no quería agobiarte. Será mejor que me vaya.
- No, no me agobias tú, me agobio yo. Creo que no puedo estar así.
- ¿Así? ¿Cómo estamos? ¿Cómo estás?
- Estoy… Estoy muy lejos de saber qué responder a esa pregunta.
- ¿Me quieres decir qué coño te pasa?
- Mira, creo que he conocido a alguien. Alguien que no quiere discutir. Alguien que no quiere enviar mensajes dando explicaciones, pero sobre todo no quiere recibir ninguno pidiéndoselas. Alguien que no sabe poner pronombres con mayúscula, ni numeritos al lado de iniciales. He conocido a alguien, y ojalá fuese otra persona. He conocido a alguien a quien te juro que también odio, pero que irremediablemente, soy yo.
Agosto 2012
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Nunca he disfrutado demasiado de los finales felices, ni del olor a victoria, ni de los sueños realizados. Porque todo deseo, una vez cumplido, me sabe a poco. Y me da mucha rabia fijar objetivos, que no sé si sabes que las metas sólo sirven para limitar carreras.
Siempre he deseado que mi destino sea sucumbir aspirando a algo casi inalcanzable. Tan alto, que caer me sepa más a gloria que ninguna pequeña victoria. Algo que sea tan difícil, que el mero hecho de intentarlo muestre tanta ambición como talento.
Mira a todos mis amigos. O mejor, a toda esa gente. Me buscan pareja entre las amigas de las suyas, con la misma buena intención con la que yo las intento sacar de mi vida por las mañanas. Que es cierto aquello de que estoy haciéndome poco a poco más mayor, y la verdad es que cada vez tengo más claro que la vida está diseñada para vivir entre dos, pero es que yo estoy tan bien solo que hacéis que me sienta como si fuese socialmente zurdo.
Junio 2012
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Cariño, tú siempre has sido un cielo. Y yo me estoy haciendo tanto el duro que se me está poniendo cara de suelo. Pertenecemos a mundos muy diferentes. Tú con tus nubes y tu estrella, yo con mis sombras y tropiezos. Cuando pienso en ti, parece que todo pese un poco más, y seguro que cuando tú piensas en mí, sientes algo muy parecido al vértigo.
Estamos tan distantes que parece que nunca llegaremos a rozarnos. Y ya sabes lo que dicen que significa eso de besar el suelo, o lo que le pasó a quien intentó tocar el cielo con sus dedos. Pero no te preocupes, tú mira hacia delante, que ninguno de esos imbéciles supo ver más allá. Da igual la dirección que tomes: El horizonte deja bien claro que tenemos que acabar juntos.
Abrí aquel cajón, y bajo unos cuantos olvidos, encontré una vieja carta incompleta. Estaba plagada de dibujos y palabras preciosas, parecía que contaba lo que entonces era nuestra historia. Era todo para ti.
Me entró la melancolía y quise acabarla, era tan bonita que pensé que merecía ser rescatada. Acaricié el papel y cogí un boli, y con él, todos los miedos, dudas y agobios que esperaban escondidos bajo el polvo. Escribía y tachaba, y ya no sólo no sabía cómo seguir, ahora ni siquiera estaba seguro de haber sido yo quien la había empezado.
Mayo 2012
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Desperté en mi sofá, sobresaltado, como quien cree que ha perdido algo. Faltaban veinticinco minutos para que llegase la hora a la que solíamos quedar. Me desperecé con rapidez, aun sabiendo que tendría que esperarte si llegaba puntual. Siempre recorría parte de tu camino para ver cómo atravesabas el parque con prisas, pensando en cualquier cosa. Me encantaba. Salí de mi casa y corrí hasta darme cuenta: En esta ciudad no hay parques.
Con C de caer, de crecer. Con C de cuando me caí de la cama, y los monstruos de debajo se convirtieron en miedos de arriba. De cuando solté el meñique de mamá, y supe lo que era caer a dos manos. De cuando aprendí a romper corazones, y quise empezar por el mío. Con C de cuando pasé de pasar de curso a pasar del curso, separando los dieces de mi infancia en unos y ceros adolescentes. De cuando me fui. De cuando te fuiste para no volver, pero volviste, y volviste a irte.
Soñábamos con un futuro sin final siendo felices, y sin embargo, el final llegó y nos despertó infelices.
Nos fuimos, escapamos el uno del otro. No sabía si algún día volvería a verte, y lo que es más importante, no sabía si quería.
No me gustaba que se estuviese acabando, pero a la vez, necesitábamos seguir consumiéndolo. Parecía el final de un buen libro. Con una última página en la que sólo quedaba una fecha, y ningún agradecimiento.